Antes de firmar nuestra hipoteca, ( quien tenga la “suerte” de firmarla hoy en día, claro) debemos tener muy claro, en qué condiciones estamos firmando el crédito hipotecario. Son varios los conceptos que hay que revisar.
Primero, el tipo que nos será aplicado. En las hipotecas se suelen manejar dos modos de calcular el tipo aplicable, uno el interbancario, y el otro el tan cacareado Euribor. Con respecto al interbancario, este suele tener menor fluctuación en el mercado y suele acordarse un tipo fijo para varios años, sin revisión anual o semestral. Sin embargo el más usado es el Euribor. Este último si fluctúa más ( lo vemos todos los días en el telediario) y sus revisiones suelen ser anuales o semestrales. A esta referencia, se le suele sumar un % más, que es el que tenemos que conseguir que el banco nos reduzca lo más posible, cierto es, que a mayor reducción del diferencial ( Euribor +….) más productos tienes que contratar con el Banco. Así que mucho cuidado con los ofertones de ¡ Euribor más 0,35¡¡¡¡¡, pues son tantos los productos que tienes que tener contratado con el banco que terminas casándote con él de por vida ( tarjetas de crédito con un mínimo de consumo, seguros de vida, incendio y paro, planes de pensiones con una aportación inicial mínima de 600€ etc….) En definitiva, que el banco nos amarra en puerto y no nos deja ir a faenar a alta mar.
Asunto muy importante es el llamado “suelo y techo” de la hipoteca. El suelo es el tipo mínimo que va a ser aplicado, es decir, si el euribor ( como está pasando ahora) baja a mínimos increíbles, si nosotros tenemos firmado un mínimo, por mucho que baje éste, no nos bajará la cuota mensual de nuestra hipoteca. Hay bancos que pueden ofrecerte un tipo de euribor más 1, y aunque el euribor esté en el 1,5, si tienes contratado un mínimo de 3,5, no te bajará más la cuota mensual. Por el contrario también existe un techo, al que gracias a Dios nunca hemos tenido que acudir, pues suele situarse en un máximo de un 10 o 12 %, caso que parece hoy en día que nunca llegaremos. ( y Dios no lo quiera)
En definitiva ¡ cuidado con lo que firmamos, que luego no hay marcha atrás!