Cuando contemplamos la figura del constructor, se nos viene seguro a la memoria, malos ratos que amigos familiares o nosotros mismos hemos pasado por encontrarnos defectos casi imposibles de subsanar por la mala ejecución de estos. Un torero dijo en una ocasión que no le tenía tanto miedo al toro como a que le hicieran los obras en su casa.
Veamos que nos dice la Ley de Ordenación de la Edificación al respecto del Constructor.
Nos dice el Art. 11 de dicha Ley que el constructor es el agente que asume contractualmente con el promotor, el compromiso de ejecutar con medios humanos y materiales, propios o ajenos, las obras o partes de las mismas, con sujeción al proyecto o al contrato. Asimismo detalla las obligaciones que dimanan de su condición de agente básico en la construcción.
Quizás, no somos conscientes de la relevancia que tiene este agente a la hora de cualquier reclamación en caso de defectos en la ejecución de la obra y responsabilidades que deben asumir. Si dichos defectos son imputables a una mala ejecución del proyecto estaríamos ante una clara responsabilidad de éste, y seguramente del director de ejecución material de las obras que pertenece a la dirección facultativa ( de la que hablaremos en próximos post) que es el encargado de que lo ejecutado sea el fiel reflejo de lo proyectado. La impericia del constructor suele ser la causa más común en las reclamaciones, impericia que se escapa en ocasiones a la propia dirección de obra que va certificando las fases de la misma.Sobre reclamaciones al constructor, estas las veremos en el capitulo dedicado a “qué hacer si mi casa es una ruina”.